Esta mañana al volver de una obra, me encontré, en la estantería, con una caja polvorienta de la confitería Las Violetas, allí guardaba mis negativos fotográficos en los años 80. Al abrirla reconocí algunos negativos y un par de tiras de diapositivas sin enmarcar. Entre esas diapositivas las de la casa de la calle Enrique Martínez. Un poco estropeadas por el paso del tiempo, pero todavía visibles, con ellas me propongo ilustrar esta entrada del blog.
En 1984 entré a trabajar, por concurso, en la cátedra de Diseño arquitectónico del arquitecto Julio Ladizesky , en la facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Llevaba un largo tiempo haciendo trabajos esporádicos en distintos estudios de arquitectura y como docente auxiliar ad honorem en la cátedra de Diseño del arquitecto Adolfo Zani. Cuando el arquitecto Rodolfo Hasse (ya fallecido), profesor adjunto de la cátedra de Ladizesky, me dijo que Julio necesitaba un arquitecto proyectista para desarrollar el proyecto de su nueva casa. Fue así como me incorporé al estudio que Julio compartía con otros arquitectos en la calle Mansilla, allí fuimos desarrollando los primeros planos de la casa. Pero como el estudio estaba en disolución, nos trasladamos al del arquitecto Mario Rub, quien se convertiría luego en el constructor de la obra. La casa en cuestión consistía en una rehabilitación integral y ampliación de una existente, no de una manera ortodoxa, sino adecuada al programa que Julio y su compañera Liliana habían determinado. Liliana esperaba un bebé, su segunda hija.
El programa integraba una planta baja con hall de acceso, toilette, un pequeño estudio para Julio, garage, patio interior de distribución y acceso a la planta alta , comedor, estar, comedor de diario, cocina y lavadero, también en planta baja un patio exterior apergolado y piscina posterior. En planta alta cuatro dormitorios, un dormitorio de servicio, dos baños aseo de servicio y terraza tendedero. también un pequeño sótano complementaba la vivienda de un total aproximado de 360 m2.
La casa original tenía una fachada tipo Art Decó de los años 30, con estructura de hormigón armado , techos altos de 3 mts y suelos de madera de pinotea. El estado era de abandono y prácticamente ruina en los acabados, tabiquerías etc… Una primera etapa consistió en practicar las demoliciones y apuntalamientos necesarios, la recuperación de algunos materiales como la pinotea del suelo. Un italiano y su ayudante fueron los demoledores, que hicieron un fino trabajo para dejar apuntalada la estructura de losas que sería aprovechada junto a la fachada principal; también se dejó una pequeña habitación junto a la medianera del fondo , a la que se accedía por una escalera, esta habitación sería la caseta de obra desde donde se organizaría toda la obra, se dibujarían los planos de detalle etc…
Allí pasaría dos años de mi vida de lo más intensos. la obra y el proyecto fueron una sola cosa, la realidad alimentaba los planos que luego servirían para ajustar la realidad. El proyecto iba desarrollándose en los planos un poco por delante de la obra, de una manera que yo no conocía, ya que anteriormente había trabajado con proyectos mas o menos acabados y la obra se iba ajustando al proyecto.
Muchas otras personas pasaron por la obra, no recuerdo sus nombres pero si sus rostros, sus voces, sus cantos, sus asaditos de mediodía, albañiles paraguayos, un yesista boliviano , un plomero (fontanero) de los de antes, santiagueño, carpinteros ( de la empresa Arquimadera cuya fundadora era Liliana junto a Mónica Kucher y Víctor Elena, esta historia da para otra entrada),el electricista, el herrero, Carlos Aldorino ( que había sido compañero mío de Diseño V), el Sr. Viñazky que se encargó de los permisos de las instalaciones y un oscuro personaje: el gestor municipal.
Esta casa es para mi la casa de las casas, me explico: fue como una tesis de joven arquitecto, muchas casas que hice luego tienen algo de ésta, la “casa iniciática”. Fue una obra vivida desde sus orígenes hasta su disfrute, ya que el trabajo con Julio continuó varios años más en el estudio que tenía instalado en la planta baja de la casa. Allí Julio compartía conmigo el tiempo de preparar las clases para la cátedra y los proyectos que iban surgiendo.
No conservo ninguno de los planos de la obra, ya que éstos se quedaron en Buenos Aires en el estudio de Julio, pero recuerdo cada rincón cada tubo que la recorre, sus secreta estructura, sus pulmones, y su corazón.
En 1990 cuando decidí emigrar a España, me encontré con Julio en su casa, esa mañana nos despedimos con un largo abrazo y en silencio.
FICHA Y FOTOGRAFÍAS
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