Mostrando entradas con la etiqueta 1992. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1992. Mostrar todas las entradas

8 de septiembre de 2010

Un carrito para Luciana

 

un carrito para Luciana

Conocía  a Inés y Carlos desde  finales de 1990, coincidimos en nuestro  primer invierno de inmigrantes en España. Los primeros tiempos de una legalidad precaria, por no decir ilegalidad temeraria.

Llegaban las navidades de 1991 y su pequeña hija Luciana cumpliría años en enero después de las fiestas. Eran tiempos de escasez material.  Simples y nobles servirían, madera contrachapada, listoncillos de pino, tablas redondas para las ruedas, un poco de loneta ,colores y barniz al agua , Con pocas herramientas, una  sierra, destornillador y martillo. En unas horas un carrito para los muñecos de Luciana. Un carrito que atesoraba en mi interior, para el hijo que no tenía.

Se por sus padres que él la acompañó muchos años.  Quizá esté ahora en un rinconcito de su corazón esperando una nueva oportunidad.

luciana 92

Luciana marzo 1992

8 de agosto de 2010

La casa de Palazuelos

 

1995 Casa Palazuelos0001

Proyectar una casa para un hermano y su familia, es todo un reto. Se comparten muchas cosas. En nuestro caso vivíamos un reencuentro después de vivir 9 años en dos continentes diferentes.

En el invierno de 1991-1992  Rosa y Nicolás esperaban la llegada de su primer hijo, la vivienda que habitaban en San Ildefonso era pequeña y ellos anhelaban vivir en el campo, con vistas a la Sierra.  En el recuerdo la casa de los abuelos en La Falda, (Córdoba, Argentina), la vida en la cocina, y el lugar con ventanales donde escuchábamos la radio y jugábamos a las cartas.

También mis primeros pasos en el ejercicio de la profesión, aquí en España. Por unos meses no pude visar yo mismo el proyecto y recurrí al arquitecto que me había dado trabajo en Segovia. Angel Egido, desde aquí mi recuerdo y agradecimiento. El confió en mi y me dejó dirigir una obra que, en los papeles, era su responsabilidad.

El proyecto y la obra fueron para mi un ejemplo práctico de la transformación de la teoría en praxis arquitectónica. Varias modificaciones y adaptaciones a las circunstancias que nos tocaban vivir. Problemas de lindes, burocracia y desinterés por parte del ayuntamiento, dificultades económicas, incumplimiento de los plazos por parte de algunos gremios, resolución de problemas a pie de obra etc…

La obra también tuvo algo de autoconstrucción, en especial la etapa de la pintura final, amoblamiento y pequeños pero importantes detalles. Un personaje supo interpretar la misión constructiva de la obra, Teodoro, albañil segoviano, tesonero y trabajador, lo que no sabía lo preguntaba y si no obtenía respuesta, él proponía la solución necesaria en cada momento. Muchas mañanas al llegar a la obra, escuchaba su voz cantando coplas entre los andamios y tras el humo del fueguito para calentarse en invierno.

Debo agradecer aquí a Lola, la actual propietaria que hace pocos días me invitó a pasar y ver la casa, que en una expresión suya “es un poco mía”.

El tiempo la ha transformado, ya no es una casa en el campo para criar niños, sirve a sus propietarios actuales como retiro en la madurez y quizá para mimar a sus nietos.

FICHA Y FOTOGRAFÍAS

 

Nota: La fotografía de portada y parte de las de la ficha proceden del archivo de Nicolás Gargiulo