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5 de mayo de 2012

La casa de la calle Olleros

En 1989, trabajando para el Programa Cultural en Barrios, en el Centro Cultural Chacarita, tuvimos la feliz idea de organizar una Fiesta de Carnaval en el barrio. En el proyecto anidaba la intención de contactar y revitalizar viejas murgas de Chacarita-Colegiales que habían caído en el olvido después de tantos años de prohibiciones y desmontaje del tejido de la cultura popular.  En la idea colaborábamos distintas personas, entre otras, Analau Blejer (alma mater), Jorge Pinasco, que era la “Historia Viva” del barrio, Lili Gioia, artista plástica, con la propuesta de un mural murguero, y más personas del entorno, cada uno con su propuesta de trabajo.
La cuestión es que la fiesta la pensábamos localizar en la vereda de la casa que os presento en el dibujo. Con todo organizado , los propietarios del edificio se negaron a autorizarnos el uso de su fachada como telón de fondo y su vereda como escenario del festival. (Creo que no nos veían dignos de su edificio, o quizá leían en nuestra actitud cierta locura contagiosa). Pero como la capacidad de improvisación era un sello del Centro Cultural Chacarita, la trasladamos a la esquina de Olleros y Av. Forest, a pocos metros de la casa, donde hay una pequeña plazoleta, se cortó el tráfico de la calle Olleros colocamos un pequeño escenario y se hizo la fiesta. Para nuestra sorpresa aparecieron dos viejos murgueros que amenizaron la fiesta espontáneamente y que nos dieron la punta del ovillo para tirar de la historia del Carnaval del Barrio.
El dibujito fue el motivo para el cartel de convocatoria a la fiesta, pintado en el reverso de otro cartel de publicidad. Un único cartel que desde el escaparate del Centro Cultural anunciaba la fiesta. Este dibujo, se lo regalé a Analau como recuerdo de esos tiempos. Hace un par de años de visita en su casa lo vi en un cuadrito y lo fotografié. Testimonio de una época de escacez de recursos materiales pero de una creatividad y generosidad de espíritu plenas.
Basardilla, 5 de mayo de 2012.

24 de marzo de 2012

Cuaderno de apuntes 1995.

 

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En Semana Santa de 1995 alquilamos un pequeño apartamento en Cabo de Gata, Almería. Esa primera visita sería el inicio de una serie de viajes por ese Parque Natural. Viajes que me descubrieron una naturaleza y una tierra que siempre me conmueven.

Fuimos con Horacio, que todavía no había cumplido su primer año. Un cuaderno de notas, unos crayones Caran D`ache, que todavía conservo, una lapicera de cartucho con tinta negra, un lápiz 3b y un pincel. Los hice a la hora de la siesta, o muy temprano por la mañana.

Los dibujos los encontré el viernes pasado en una caja entre libretas y cuadernos de obra.

21 de febrero de 2011

Terraza de verano

alzado

Llegué a Madrid a finales de abril de 1990. traía en la maleta la ilusión de encontrar un lugar para trabajar como arquitecto. Esos primeros días fueron cruciales. La toma de contacto, las entrevistas, ir reconociendo poco a poco el terreno.

Una tarde lluviosa de primavera , por recomendación de mi hermano,  fui a visitar al arquitecto  Alejandro de la Sota en Madrid, buscando en su experiencia de antiguo profesor de la Escuela de Arquitectura, un consejo, una palabra que me orientara. Llegué a su estudio, encontré la puerta entreabierta, dudé un momento y entré, encontré allí al viejo profesor, caído en el suelo, lo ayudé a incorporarse y sentarse en su butaca, me agradeció con una mirada cálida de sus ojos claros a través de sus  lentes. Al instante llegó Juan, uno de sus hijos, fotógrafo amigo de mi hermano, preocupado por su padre, que se había escapado solo al estudio.

El estudio, un lugar soñado, mesas de dibujo con planos, rollos de dibujos, alguna maqueta, todo bañado con una luz suave del norte, y ese olor a papel de copias heliográficas que los arquitectos conocemos bien.

Alejandro de la Sota me dedicó casi una hora, nos tomamos un té y se dispuso mas bien a escucharme que a aconsejarme.

Pensándolo bien, seguramente ese fue el mejor consejo, prestar atención a tu interlocutor, escucharle.

Volví al refugio de La Granja, que era la buhardilla de mi hermano donde me había acogido. De la necesidad  interior de ir adaptándome, ir “escuchando” lo que el lugar tenía que contarme, surgieron una tarde  estos pequeños bocetos de una terraza para el verano, en la trasera del antiguo Hotel Europeo, vecino a la calle Verderones, que era donde vivía.

Fue como un ejercicio de “escuela” . Nunca lo presenté a nadie, se quedó guardado en mis carpetas, hasta que hoy me acordé de él, en la víspera de un viaje a Buenos Aires.

 

croquis Planta

21 de octubre de 2010

Catedral de Segovia

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En la misma carpeta está este boceto al pastel de la Catedral de Segovia, es del invierno de 1990, a pocos meses de vivir aquí. Me compré una pequeña lata de pasteles grasos, casi para uso escolar, y con un cartón debajo salí unas tardes a bocetar,  Mucho tiempo libre y poco dinero para gastar. Por la noche volvía a la pensión y durante el día después de trabajar, cuidaba niños, o paseaba por la ciudad recorriendo sus rincones como si todavía fuese un turista.

Creo que por el frío desistí pronto,  las manos se me agarrotaban .

Bocetos de toma de contacto con la luz y el color de la ciudad.

20 de octubre de 2010

Segovia

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Esta tarde me topé con una carpeta de dibujitos, y apareció este boceto, doblado, que utilicé algún tiempo como tarjeta de presentación. No tiene fecha, pero podría ser de 1994. Representa el perfil del recinto amurallado de Segovia, visto desde el mediodía. Está hecho de memoria , es por eso que es casi una mancha de color.

En aquella época no conocía tan bien la ciudad como ahora, y casi no había intervenido en obras dentro del recinto amurallado. El color, la luz de la ciudad, su perfil casi de nave en el océano de Castilla, la magia de sus calles y patios, sus rincones, hacen que uno se enamore del lugar.

En 1982 estuve por primera vez paseando por sus calles, y aunque la ciudad era mas provinciana y su arquitectura más desvencijada, dejó en mi alma plantada la semillita para volver. Y mira por dónde que ha sido mi destino de emigrante lugar donde eché raíces.

6 de agosto de 2010

Quiosco de diarios

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Siempre me gustaron los quioscos de diarios, desde la infancia, cuando mi viejo paraba el coche para recoger La Nación o el coleccionable de la II Guerra Mundial. Nos quedábamos dentro del auto mirando las espaldas del quiosco de Díaz Vélez y Av. Maipú, azul , con anuncios de Fletes o taxis.
En 1982 estuvo Aldo Rossi por “la Escuelita” en Buenos Aires, este dibujo de arriba está influenciado por la arquitectura de Rossi, sólo que llevado a una expresión más cotidiana. Nunca fue un proyecto, sólo saldar una deuda con mis recuerdos infantiles.
   030 MVD quioscoKIOSCO432 charla en el quiosco