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24 de mayo de 2012

La vivienda de Toño y Marina

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En el verano de 1998, Toño (mi médico de cabecera) me trajo un bocetito a modo de programa, para que le dijera cuánto costaba hacerse una casa, en el pueblo donde estaban viviendo: Otero de Herreros (Segovia).

Otero de Herreros es para mi un paisaje muy querido, en 1991, hice un trabajo fotográfico sobre los parajes rurales condenados por la especulación inmobiliaria, donde encontré bellas imágenes como las de arriba.

Pero la localización de esta vivienda estaba del otro lado de la carretera de Madrid, en la Av. de la Estación, en una gran finca de 5000 m2 cuyo dueño era su suegro. Este generosamente les cedía una porción de unos 600 m2 para que pudieran construirse la casa.

La finca tenía algunos árboles muy interesantes y un abeto protagonista del espacio.

Nuestra amistad ya databa de antes compartiendo buenos momentos en su casa o en la finca de la Ermita de Otero, ese compartir, esa amistad forjada, nos sirvió para poder abordar el proyecto con mas soltura y tras algunas charlas que dieron como resultado un proyecto de una vivienda articulada en dos volúmenes, uno que albergaba la zona más pública de la casa y otro la zona privada, ambos  en torno al abeto.

Cuando formalizaron el encargo Toño y Marina tenían dos hijos, querían una vivienda que pudiera adaptarse a el posible crecimiento de la familia, ya que les encantaba la idea de una familia con varios hijos, también querían una casa con materiales nobles, madera, suelos de gres, un rincón de fuego y mucha luz. En el programa había que prever la incorporación de un piano de cola ya que Marina es profesora de música. En cuanto a las características formales de la vivienda estaban abiertos a lo que les propusiera, preferían los volúmenes sencillos, pero integrados con el entorno natural de la parcela.

casa de otero

Los niños tuvieron a su alcance una maqueta que hicimos en el estudio, con la que jugaron e imaginaron su vida en esa casa, lamentablemente no quedan fotografías de esa maqueta. El proyecto lo fue dibujando Angel, y para enero de 1999 teníamos ya el proyecto de ejecución terminado.
 
La obra se empezó hacia el fin del verano de ese año y se entregó en el invierno del año siguiente. Durante el transcurso de la obra Marina estaba embarazada de otro niño, lo que iba completando las plazas de dormitorio disponibles. ( La vivienda quedó preparada para una posible ampliación del volumen de dormitorios a partir de la escalera que comunica con la planta alta.)
 
Toño y Marina forman una pareja entrañable, sus hijos y mi hijo mayor conservan una amistad que proviene de esa época. Años después de la obra hemos disfrutado de cumpleaños y barbacoas en su jardín, y siempre que los veo me comentan lo felices que son en esa casa, cómo disfrutan del espacio, y sin darse cuenta cómo les ha canbiado la vida.
 
 
                                 
 
 
Al año de vivir en la casa Marina tuvo su cuarto hijo, una niña.
 
 
Juan C. Gargiulo, Basardilla 24 de mayo de 2012.
 
 
 
PLANOS Y FOTOGRAFIAS
 

Nota: Esta casa ha sido el germen de otras viviendas que variando la tipología han sido “hijas” o parientes de ésta.

8 de diciembre de 2010

Un refugio en la montaña

 

 

02 Quintanarejo 01 Laguna Negra Soria 010 Quintanarejo

03 Quintanarejo

En la primavera de 1998, Rita me llamó una mañana, entusiasmada con un posible encargo de una casita-refugio en la montaña de Soria, cerca del Puerto de Santa Inés. y la Laguna Negra .

Los propietarios de un pequeño pajar en Quintanarejo, ambos médicos de Madrid, querían un lugar para ellos, distanciado de la casa familiar que conservan a pocos metros y donde varias veces al año se reúne toda la familia.

Un pequeño programa para un espacio muy limitado, pero donde lo importante eran las vistas al entorno, la intimidad  dotar a la vivienda de la luz de mediodía y poniente. Un buen fuego para calentarse en los crudos inviernos de la montaña. Un lugar de sosiego para escapar de la vida urbana en Madrid.

Los materiales, elementales: madera y piedra del lugar. 

Un proyecto sencillo, pero una obra que se prolongó en el tiempo por los largos inviernos y por el ritmo de lo artesanal. 68 m2 de superficie útil para 88 m2 de superficie construida, denota la robustez de sus muros de carga perimetrales. Forjados y cubierta de madera, teja cerámica proveniente de derribos y piedra de la demolición del antiguo pajar, más la obtenida de otra pequeña construcción.

El albañil, Ildefonso Albina, de Duruelo de la Sierra, próximo a Vinuesa. Y una persona que no recuerdo su nombre, que durante la larga dirección de obra, nos recibía en su casa con un café caliente y unas pastas, y la amabilidad de su mirada.

Los viajes a Quintanarejo, pasando por Ayllón, Burgo de Osma, Abejar, Vinuesa, todo un entorno de arquitectura vernácula, pasando del barro, a la piedra, de los entramados de caña a la madera, de los aleros cortos mezquinos a los generosos, del clima más templado al más duro. De los colores rojizos al verde del bosque. De la meseta a la sierra.

Un refugio en la montaña, un refugio para una pareja de la madurez , para una segunda oportunidad.

 

FOTOGRAFÍAS Y PLANOS

8 de agosto de 2010

La casa de Palazuelos

 

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Proyectar una casa para un hermano y su familia, es todo un reto. Se comparten muchas cosas. En nuestro caso vivíamos un reencuentro después de vivir 9 años en dos continentes diferentes.

En el invierno de 1991-1992  Rosa y Nicolás esperaban la llegada de su primer hijo, la vivienda que habitaban en San Ildefonso era pequeña y ellos anhelaban vivir en el campo, con vistas a la Sierra.  En el recuerdo la casa de los abuelos en La Falda, (Córdoba, Argentina), la vida en la cocina, y el lugar con ventanales donde escuchábamos la radio y jugábamos a las cartas.

También mis primeros pasos en el ejercicio de la profesión, aquí en España. Por unos meses no pude visar yo mismo el proyecto y recurrí al arquitecto que me había dado trabajo en Segovia. Angel Egido, desde aquí mi recuerdo y agradecimiento. El confió en mi y me dejó dirigir una obra que, en los papeles, era su responsabilidad.

El proyecto y la obra fueron para mi un ejemplo práctico de la transformación de la teoría en praxis arquitectónica. Varias modificaciones y adaptaciones a las circunstancias que nos tocaban vivir. Problemas de lindes, burocracia y desinterés por parte del ayuntamiento, dificultades económicas, incumplimiento de los plazos por parte de algunos gremios, resolución de problemas a pie de obra etc…

La obra también tuvo algo de autoconstrucción, en especial la etapa de la pintura final, amoblamiento y pequeños pero importantes detalles. Un personaje supo interpretar la misión constructiva de la obra, Teodoro, albañil segoviano, tesonero y trabajador, lo que no sabía lo preguntaba y si no obtenía respuesta, él proponía la solución necesaria en cada momento. Muchas mañanas al llegar a la obra, escuchaba su voz cantando coplas entre los andamios y tras el humo del fueguito para calentarse en invierno.

Debo agradecer aquí a Lola, la actual propietaria que hace pocos días me invitó a pasar y ver la casa, que en una expresión suya “es un poco mía”.

El tiempo la ha transformado, ya no es una casa en el campo para criar niños, sirve a sus propietarios actuales como retiro en la madurez y quizá para mimar a sus nietos.

FICHA Y FOTOGRAFÍAS

 

Nota: La fotografía de portada y parte de las de la ficha proceden del archivo de Nicolás Gargiulo