Llevaban unos años detrás de la casa que Justo estaba rehabilitando.
Cuando entré allí por primera vez, tuve una buena sensación, una casa de arquitectura popular que se había conservado bastante bien, gracias a una intervención respetuosa con su esencia.
Sin embargo la casa tenía un aire de tristeza, quizá porque no estaba terminada y de las paredes emanaba un color avainillado que daba esa impresión de tristeza.
Raúl y Pilar habían soñado vivir en esa casa juntos, pero las circunstancias de su vida habían cambiado(la separación de la pareja) y la casa sería la casa de Raúl, donde jugaran los niños.
Pensé entonces que lo más sencillo y eficaz en ese momento era intervenir en el color de la vivienda, adecuarlo a las circunstancias de vida de Raúl y sus hijos.
El color tenía que vibrar con la casa y con sus habitantes,en sintonía con todo el amor necesario que se desplegaría en esta nueva etapa.
El trabajo en esta casa ha sido para mi una experiencia nueva diría, por un lado he sentido libertad para proponer y por otro lado sentía que la propia casa me invitaba a implicarme en su transformación.
Trabajar para un amigo es muy difícil, pero a su vez muy reconfortante. Hemos compartido muchos momentos juntos en esta casa, de trabajo , de reflexión, de juego, de íntima amistad junto al fuego. Algo de lo que estoy agradecido.
Nuevos proyectos han nacido en ella, proyectos de transformación y de una mayor toma de conciencia.
Quizá la luz , el color , el fuego, la madera, la piedra, la tierra, sus materiales nobles, su historia pasada, sus antiguos moradores, hayan confluido aportando una nueva forma de energía, ayudando a la vida.
FICHA Y FOTOGRAFÍAS
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